One Picture One Story Week-SEASON 01
Hermosa e impredecible naturaleza. Un día que parece soleado invita a caminar un rato en un domingo tranquilo, placentero. Palmas, palma real, chaguaramas, árboles, follaje. Es maravillosa la vista que se tiene desde aquí abajo, cuando suspendo la cámara para elevar la mirada al cielo y sentir la confluencia de las ramas verdes, que se tornan oscuras por su densidad, por la escasa luz que entra en este momento. Se aproxima la lluvia y el cielo ya comienza a anunciarlo.

La palma real, los pájaros, las nubes grises y el sol caraqueños
Las nubes vaticinan con sus tonos grisáceos que pronto, muy pronto, comenzarán a enviar el agua salvadora a la tierra. Los pájaros lo saben. Revolotean de rama en rama mientras emiten sus cantos de alegría al presentir que pronto el tiempo pasará de lo seco a lo mojado. Se mudan de esas ramas ya habitadas quizás buscando otros lugares más seguros, donde puedan guarecerse de las múltiples gotas que desean verter las nubes hacia los árboles, las casas, los terrenos, las calles.
Huele a tierra mojada, se refresca el ambiente, baja la intensidad del calor. Sigo mirando el cielo. Tomo las fotos. Chaguaramas, les dicen a estas palmeras que se conocen también como Palma real, según me dice un señor que camina, como yo, en esta mañana, entre sol y nubes grises con ganas de llover. Luego, el tiempo vuelve a aclarar un poco. Ya parece que no llueve. Seguimos caminando, cada quien por su lado, con la esperanza de que se desate la lluvia para guarecernos como lo hacen los pájaros o para mojarnos los cabellos, las ropas, los zapatos y llegar empapados a la casa.
Definitivamente, el sol vuelve a entronizarse en el cielo. Las nubes se disipan. Van, juguetonas, a otra parte. Se siente otra vez el calor que ahuyenta el frescor de la mañana y que nos obliga a murmurar como quien no quiere: ¡Ufff, qué calor!